De una manera general, puede afirmarse
que el crecimiento urbano se ha producido por la inmigración y sólo en parte ha
sido generado internamente por el incremento natural de su población. Es cierto
que en algunas ocasiones la llegada de los inmigrantes y, en la época
contemporánea, la disminución de la mortalidad ha mejorado el crecimiento
vegetativo urbano. Pero son los inmigrantes quienes han seguido asegurando, en
lo fundamental, la expansión de las ciudades.
Los inmigrantes encontraban en la
ciudad nuevas oportunidades de empleo. Y se integraban también rápidamente
desde el punto de vista demográfico, contrayendo pronto matrimonio con los
nativos.
Las migraciones fueron, sin duda, el
factor clave en la regulación de las poblaciones urbanas en la sociedad
preindustrial. La ciudad necesitaba de la inmigración para mantener su
población estable y más aún para aumentarla. Y en muchas ocasiones dicha
inmigración era verdaderamente esencial.
a fase de lucha armada de la Revolución mexicana, que en Sinaloa se
extendió de 1910 a 1929, aunque no de manera continua ni generalizada, tuvo
efectos negativos sobre el conjunto de la economía del estado por diversas
razones, como la suspensión de las inversiones para la producción, el retiro de
muchos extranjeros con sus capitales, los robos, saqueos, destrucciones y
expropiaciones que realizaron los revolucionarios, así como la falta de
trabajadores que fueron movilizados para engrosar la tropa de los ejércitos,
tanto revolucionario como federal. Entre las pérdidas más sensibles se contó la
fábrica de hilados y tejidos El Coloso, en Culiacán, que fue incendiada por los
revolucionarios en 1911 porque pertenecía a la familia Redo. Hubo también otras
circunstancias adversas que no se debieron directamente a la revolución, como
las que indicó el gobernador Iturbe en 1918: la falta de un sistema financiero
y la extrema escasez de circulante que obligó al uso del dólar como moneda de
curso legal. Sin embargo, la economía del estado no se paralizó ni sufrió tanto
como en los estados del centro y en Morelos. La minería sinaloense continuó en
actividad y los gobiernos revolucionarios impulsaron cuanto pudieron la
producción agrícola.

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